
El Manto de la Edad Media
Historias reales, misterios antiguos y leyendas que el tiempo jamás logró enterrar.
✦ Pasaje abierto ✦
a lo desconocido
✠ Fr. Iván Fariña ✠
desciende
⌄
Índice del pergamino

Capítulo I
Buenas noches, hermanas y hermanos.
Bienvenidos, caminantes de la noche medieval…
Una noche más, volvemos a atravesar las brumas del tiempo para encontrarnos bajo El Manto de la Edad Media.
Aquí, donde los castillos duermen bajo la luna, donde los monasterios guardan pergaminos que sobrevivieron a incendios y guerras, y donde los viejos caminos todavía parecen recordar las pisadas de quienes los recorrieron hace siglos.

Capítulo II
Esta noche viajaremos hasta las montañas del norte.
A una tierra de bosques profundos, nieblas repentinas y cumbres que parecen tocar el cielo.
Allí, mucho antes de que los hombres levantaran iglesias y fortalezas, los habitantes de aquellas tierras hablaban de una mujer misteriosa que vivía en las entrañas de las montañas.
Una mujer capaz de cambiar de forma.
Una mujer que podía aparecer como una hermosa dama…
como una anciana…
o incluso como una enorme serpiente.
Su nombre era Mari.
Y su morada más famosa se encontraba en las entrañas del monte Amboto.
Pero cuidado, caminantes… Porque según la antigua tradición, cuando Mari abandonaba su montaña, algo estaba a punto de suceder.
Acercaos al fuego.
Dejad que la niebla cubra por un instante las ventanas.
Porque esta noche vamos a adentrarnos en una de las leyendas más antiguas y misteriosas de las montañas vascas.
El viaje comienza… si os atrevéis a seguir leyendo.
Códice ilustrado

Capítulo III
Hace muchos siglos, cuando las montañas eran consideradas lugares sagrados y los hombres todavía temían aquello que habitaba más allá de los bosques, los habitantes de los valles miraban hacia la cima del Amboto con respeto.
Allí, según contaban los pastores, vivía una mujer sobrenatural.
Nunca permanecía siempre en el mismo lugar.
A veces aparecía en una cueva.
Otras veces se dejaba ver sentada sobre una roca.
En determinadas noches podía contemplarse una figura femenina peinando sus largos cabellos dorados frente a la entrada de una gruta.
Pero nadie se atrevía a acercarse.
Porque todos conocían su nombre.
Mari. La Dama de Amboto.
Se decía que gobernaba las tormentas, que podía provocar sequías y que tenía poder sobre las nubes y los vientos.
Cuando desaparecía de la montaña, los campesinos observaban el cielo con preocupación.
Si las nubes se acumulaban sobre el Amboto, sabían que una tormenta podía estar acercándose.
Pero Mari no era simplemente una criatura maligna.
Eso decían los ancianos.
Castigaba la mentira.
Despreciaba a los ladrones.
Y, sobre todo, castigaba a quienes faltaban a su palabra.

Capítulo IV
Una tarde, un joven pastor llamado Martín subió a la montaña buscando una oveja que se había perdido.
La niebla apareció de repente.
En pocos minutos no podía ver el camino.
Intentó regresar.
Pero cuanto más caminaba, más se internaba en la montaña.
Entonces vio una luz.
Procedía de una cueva.
Martín se acercó.
Y allí estaba ella.

Capítulo V
Una mujer de extraordinaria belleza.
Vestía ropas rojas.
Su cabello era largo y dorado.
Y sostenía entre sus manos un pequeño peine de oro.
El pastor quedó inmóvil.
—¿Buscas algo? —preguntó la mujer.
Martín explicó que había perdido una oveja.
Mari sonrió.
—Tu oveja está a salvo.
Y señaló hacia el interior de la cueva.
El animal apareció unos segundos después.

Capítulo VI
Pero entonces Mari hizo una pregunta:
—¿Eres un hombre de palabra?
Martín respondió inmediatamente:
—Sí.
La mujer le entregó una pequeña piedra negra.
—Entonces guarda esto.
—¿Para qué?
—Cuando regreses a tu casa, encontrarás a un hombre que intentará engañarte. No le entregues esta piedra. Te ofrecerá oro.
Martín aceptó.
Y regresó al valle.

Capítulo VII
Cuando llegó a su aldea encontró a un mercader que efectivamente quiso comprarle la piedra.
Primero le ofreció una moneda.
Después cinco.
Después diez.
Martín se negó.
Finalmente el mercader le ofreció una pequeña bolsa llena de oro.
Martín recordó las palabras de Mari.
Y rechazó la oferta.

Capítulo VIII
Aquella noche comenzó una tormenta terrible.
El viento golpeó las casas.
Los árboles se doblaron.
Los animales se escondieron.
Pero la casa de Martín permaneció intacta.
A la mañana siguiente, los habitantes del valle descubrieron que las tierras del mercader habían sido destruidas por el temporal.
Las de Martín no.
Los ancianos comprendieron entonces que Mari había protegido al hombre porque había cumplido su palabra.
Desde aquel día, Martín fue considerado un hombre afortunado.
Pero nunca volvió a subir a la montaña.
Porque sabía que algunas puertas no deben abrirse dos veces.

Capítulo IX
Con el paso de los siglos, las historias sobre Mari se multiplicaron.
Se decía que podía aparecer sobre las nubes.
Que podía viajar entre montañas.
Que podía atravesar las tormentas.
Y que, cuando se veía fuego en las cumbres del Amboto, la Dama estaba trabajando en su hogar.
Algunos pastores aseguraban haber escuchado su voz entre la niebla.
Otros afirmaban haber visto su figura sentada sobre las rocas.
Pero todos coincidían en una cosa:
Mari no debía ser insultada.
No debía ser engañada.
Y nunca debía romperse una promesa hecha ante ella.
Porque, según los antiguos relatos, la montaña recuerda las palabras de los hombres.
Y aquello que se promete ante la montaña… no desaparece con el viento.

Capítulo X
Y así concluye la leyenda de esta noche.
Una historia que pertenece a una tradición mucho más antigua que los castillos y las iglesias, pero que atravesó los siglos medievales y continuó viva en las montañas, transmitida de generación en generación.
Quizá Mari nunca existió.
Quizá las luces sobre las cumbres eran tormentas.
Quizá los sonidos de las cuevas eran simplemente el viento.
Pero durante siglos hubo hombres y mujeres que miraron hacia el Amboto y sintieron que allí habitaba algo que merecía respeto.
Y quizá esa sea la verdadera fuerza de una leyenda.
No necesita demostrar que el misterio existe.
Solo necesita conseguir que, cuando miremos una montaña bajo la niebla… nos preguntemos qué puede estar escondido al otro lado.

Capítulo XI
Así que esta noche, caminantes de la noche medieval, cuando el viento sople entre los árboles y las nubes cubran las montañas…
recordad a Mari.
La Dama de Amboto.
La mujer que, según la leyenda, castigaba la mentira y protegía a quienes cumplían su palabra.
Y recordad también que hay promesas que pueden olvidarse entre los hombres… pero quizá jamás se olviden bajo la mirada de una montaña.
Hasta nuestra próxima noche, hermanas y hermanos.
Volveremos a abrir las puertas de El Manto de la Edad Media cuando las sombras vuelvan a llamarnos.
Y, como siempre…
recordad, caminantes de la noche medieval, que los locos hacen los caminos que más tarde recorren los sabios, mientras que los niños fabrican castillos en las nubes que más tarde habitan los soñadores.
Scriptorium
Deja tu palabra bajo la mirada de la montaña. Lo que se promete aquí no desaparece con el viento.